CHEVROLET, NO MÁS CONMIGO
Mis socios, una pareja de comunicadores sociales como yo, compartimos vehículos para salirle al quite al pico y placa en Pereira, donde se limita el tráfico una vez a la semana por toda la ciudad (medida que no se ampara en estudio técnico alguno y que seguramente obedece al snobismo típico de nuestros administradores, pero eso sí; camionetas Toyota y Mitsubishi a granel con vidrios polarizados cuentan con el permiso para desplazarse libremente).
Ellos, por la caída de precios vendieron su Twingo 2007 de agencia, para comprar un Corsa Coupe 2005 -Usado como nuevo-, con 270 ítems revisados antes de ser entregado al cliente -asegurémonos, no le compremos a cualquiera-, fue su argumento.
Yo, salí con nostalgia de mi viejo pero brioso Fiat Premio para entrar al mundo Spark (deuda grande, carro pequeño; pero nuevo).
Las dos familias ya somos Chevrolet, sin embargo en este momento estamos sin carro, trabajando en casa y escondidos de los taxis. ¿Pero qué les pasó a las familias Chevrolet? Pues el Spark y el Corsa están otra vez en el taller Chevrolet Caminos Pereira, que visitan constantemente, así como los hijos que sienten esa necesidad incontrolable de almorzar cada ocho días donde la mamá.
El Spark ha visitado su casa materna exactamente seis veces en un año (bloqueo central mal instalado, cambio de radio, problemas con la suspensión trasera, farola delantera izquierda quemada, desajuste en la puerta de la bodega, fuga de agua por la manguera que alimenta el agua para limpiar vidrios delantero y trasero).
Esta última falla me dejó ocho días sin carro, pues debió regresar a su casa Chevrolet para que lo desmantelaran completamente y determinaran porque se inundaba la zona del piso correspondiente al pasajero; situación que hizo que el automóvil perdiera ese maravilloso olor a nuevo (placer que sigo pagando mensualmente al dadivoso BBVA).
A mis amigos del Corsa no les fue mejor, su Usado como nuevo, lleva varias visitas (cambio de bomba de agua, cambio de la manguera del tanque de gasolina, bocina de la alarma, guaya del cluch), todo lo han tenido que pagar. -Piezas de desgaste-, dicen los técnicos y ya completan en menos de cuatro meses una suma cercana al millón de pesos en gastos y conste que antes de venderles el Corsa Usado como nuevo, certificaron que habían revisado cerca de 270 ítems, que son en el papel un buen argumento para la garantía y la venta.
Historias de la vida real, en un país donde no se respeta al cliente. Lo único que nos queda por hacer es gritar al unísono: Chevrolet, no más conmigo.
NO…ME DIERON LA VISA
-Si… y voy a visitar a mi hermano-. Se crió conmigo, pero este sistema lo expulsó. No pudo, no se acomodó; tal vez no pilló el ritmo del descontrol colombiano y se asiló.
Ahí va él con los Gringos. Largas jornadas de fábrica enclaustrado pintando con la paciencia de un orfebre que no ve nunca culminada su obra y con la única compañía de un hedor que le corroe los pulmones lentamente. Un poco de playa y un Nissan Sentra, no tan nuevo, pero Nissan.
Como decimos coloquialmente: Mandó por la esposa y armó familia; aunque vale repetirlo cien veces –Lejos de aquí-.
Le explico a mamá que se desconsuela a veces por su ausencia. -No te mortifiques que este es el mundo global, estamos ya en la aldea que soñó Macluhan donde no existen las fronteras, todo es de todos-.
-Mamá si usamos Internet por ejemplo, es como si toda la familia estuviera aquí. Podemos citar a mi hermano y su esposa a una hora específica para que se “cuadren” frente a una de las cámaras que hay en New York trasmitiendo en tiempo real, es decir veinticuatro horas en vivo y listo, los vemos en directo con la ropa y la cara del día-.
La posibilidad digital anima a mi madre, sin embargo en el fondo pienso que sería bueno ir. ¿Por qué no? Ver en carne y hueso. Pues contrario a mi hermano, vivo y me reproduzco en este país donde me brilla la fortuna de tener una familia, un trabajo y una razón para no abandonarlo definitivamente. Parto además de esta premisa: -En cualquier lado todo y todos somos similares, por no decir iguales-.
Motivado y entrado en gastos, esta semana en la embajada gringa en Bogotá un gringo globalizado -con marcados rasgos orientales-, me dijo en español Anglo-Oriental: “USTE NO APLICAL”; es decir –no me dieron la visa- (sin los suspensivos del título).
Llevé todo lo recomendado por infinidad de dolientes que gozan o no del documentico, aunque lo único que no legitimé porque soy un ciudadano madrugador del común; fueron certificaciones de paramilitar, traqueto o mafioso que demostraran mi “Arraigo” con el país y que parecen son la clave para abrir puertas en el mundo de hoy.
Finalmente, lo que realmente me preocupó del episodio, es el ingreso obligado al grupo de Ernesto Samper Pizano; eso si es grave y penoso.
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